La mayoría de empresas de reformas lleva el negocio con tres cosas: una plantilla de presupuesto en Word, un cuaderno o un Excel para los gastos, y el programa de facturas. Funciona mientras haces una reforma cada vez. En cuanto llevas tres o cuatro a la vez, se cae.
Los puntos donde se pierde dinero
- El presupuesto que no controla nada. Si presupuestas "reforma de baño: 6.500 €" sin desglose, no puedes negociar partida a partida ni saber después si te has pasado en fontanería.
- El coste que se estima de memoria. Sabes lo que has facturado, no lo que te ha costado cada reforma hasta el final.
- Las facturas por fases rehechas a mano. Cada certificación es volver a montar una factura.
- El cliente tecleado tres veces. En el presupuesto, en la factura y en el Excel.
Cómo lo resuelve un sistema conectado
Presupuestas la reforma por capítulos y partidas (albañilería, fontanería, electricidad, acabados) con un software de presupuestos que calcula el IVA y exporta a PDF con tu marca. Cuando el cliente acepta, ese presupuesto se convierte en el presupuesto de referencia del trabajo.
Sobre él imputas el material y los proveedores, y ves el coste real frente a lo presupuestado. Cuando toca cobrar, certificas el avance y la factura sale sola, cuadrada con el presupuesto. El cliente se creó una vez en el CRM y no se vuelve a teclear.
Qué mirar al elegir
- Presupuestos por capítulos, no de una línea.
- Seguimiento del trabajo por estados.
- Coste real imputado a cada reforma.
- Facturación por hitos con certificaciones.
- Que funcione ya con empresas reales, no "en desarrollo".
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